LOS RIESGOS DE LA OPERACIÓN BIKINI PARA LOS MÁS JÓVENES

Se aproxima la época estival, y cada vez empezamos a oír con más frecuencia, tanto en las personas de nuestro alrededor como en los medios de comunicación, temas como “la operación bikini”, «dietas milagro», cremas que prometen acabar con la celulitis, etc. Además, también se produce la exposición masiva en redes sociales de modelos mayoritariamente de figura delgada en el caso de las mujeres, y excesivamente musculados en el caso de los hombres.

Así, con la llegada del verano, la preocupación con el peso y la imagen corporal aumentan, lo cual se asocia a un mayor riesgo de padecer un trastorno de la conducta alimentaria (anorexia, bulimia y trastorno por atracón) o un trastorno dismórfico corporal (preocupación por defectos del aspecto físico no observables que causan un malestar clínicamente significativo).

Los adolescentes, un blanco fácil para la «operación bikini»

La exposición de nuestro cuerpo en esta época, en la que las temperaturas suben y los planes de ocio como ir a la piscina o a la playa aumentan, es vivida con mucha angustia por un gran número de personas, especialmente por los adolescentes.

En este momento evolutivo es de gran la importancia encajar en el grupo, existe miedo a la evaluación negativa de los otros, así como una sobrevaloración de la importancia de nuestra apariencia física. Todo ello propicia un caldo de cultivo idóneo para que se produzcan conductas que pueden poner en riesgo nuestra salud con el fin de modificar cómo se ve nuestro cuerpo.

Encontramos que desde la prepubertad (9-11 años) se observan patrones de restricción alimentaria con el fin de perder peso o un exceso de ejercicio físico con el fin de aumentar la masa muscular para llegar a un patrón de belleza determinado. Éste se considera de forma errónea como un indicador de éxito social, que produce la creencia distorsionada de que estando más fuertes o más delgados aumentaremos nuestra autoestima, cuando lo único a lo que nos arriesgaremos es a padecer carencias nutricionales, posibles lesiones físicas y un aluvión de emociones negativas derivadas de la autoexigencia, de poner objetivos inalcanzables, y la constante sensación de no ser suficiente.

El papel de la familia

Desde la familia, es importante fomentar en nuestros jóvenes la idea de que su valía personal no depende de la apariencia física, empezando por ser nosotros mismos un buen ejemplo de ello.

Para ello, es importante situar la comida y el ejercicio en su lugar, tanto física como psicológicamente. Es decir, por un lado, aprender a comer de forma nutritiva y variada en una cantidad adecuada y en unos horarios y ritmos saludables. Y, por otro, desconectar las asociaciones emocionales de la comida: no es un premio o recompensa por un buen comportamiento, desligar la culpa tras una comida copiosa, la frustración o ira asociadas a la posibilidad del aumento de peso, la autoexigencia del ejercicio físico como forma de compensación, etc.

Para fomentar una relación saludable con la comida, los padres pueden:

  • Ejercer de buenos modelos en cuanto a los hábitos alimentarios.
  • Tratar de compartir tiempo juntos durante las comidas principales, realizándolas en la medida de lo posible en familia en el hogar, y fomentar un entorno tranquilo y agradable durante las mismas.
  • Fomentar la idea de que todos los cuerpos son diferentes y esto es algo natural y saludable: cada uno tenemos unas cualidades físicas diferentes y eso es maravilloso. Podemos apoyarnos en películas, series, incluso cuentas de redes sociales cuyos protagonistas tengan figuras corporales no normativas para demostrar que la belleza es diversa.
  • Evitar realizar comentarios respecto al aspecto físico de miembros de la familia y de las personas en general, restando importancia al aspecto en favor de la salud, tanto física como mental.
  • Si se identifica una excesiva importancia de la imagen corporal, lenguaje negativo hacia sus características físicas, restricción de alimentos “prohibidos”, exceso de ejercicio físico, así como sentimientos de culpa asociados con la comida, es conviene consultar con un profesional de la salud mental.

Alicia Fornos, psicóloga en Psikids.

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