Durante mucho tiempo, el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) se ha asociado casi exclusivamente a la infancia. Sin embargo, hoy sabemos que en muchos casos los síntomas persisten en la edad adulta, aunque puedan manifestarse de manera distinta. Cada vez hay más adultos con TDAH.
Las personas adultas con TDAH suelen enfrentarse a dificultades como:
- Problemas de atención sostenida y concentración.
- Olvidos frecuentes y despistes que afectan al trabajo o a la organización familiar.
- Dificultades en la planificación y la gestión del tiempo.
- Impulsividad, que puede generar conflictos en el ámbito personal o laboral.
- Mayor esfuerzo para mantener rutinas estables y cumplir objetivos.
Estas dificultades no aparecen de la nada: en muchos adultos, vienen acompañadas de una historia previa marcada por experiencias negativas en la infancia o la adolescencia. Es frecuente que hayan recibido críticas constantes, comparaciones con compañeros, castigos por despistes o por no cumplir expectativas, y que hayan vivido fracasos escolares a pesar de su esfuerzo. Todo ello deja una huella profunda en la autoestima y en la forma de percibirse a uno mismo.

¿Qué es el síndrome del impostor?
El síndrome del impostor es esa sensación constante de que los logros no son fruto de la propia capacidad, sino de la suerte, el esfuerzo excesivo o incluso de haber engañado a los demás. La persona vive con el miedo a ser descubierta como un fraude, aunque existan evidencias claras de sus méritos.
En adultos con TDAH, esta experiencia se ve amplificada. Después de años recibiendo mensajes de “despistado”, “vago” o “inconstante”, no es extraño que, al alcanzar metas reales, surja la duda interna: “¿Y si en realidad no valgo lo suficiente? ¿Y si he llegado hasta aquí por casualidad?”
¿Por qué las personas adultas con TDAH son más vulnerables al síndrome del impostor?
- Historial de críticas y comparaciones desde etapas tempranas.
- Fracaso escolar acumulado o necesidad de un esfuerzo extra para rendir al mismo nivel que otros.
- Autocrítica y exigencia elevada como forma de compensar las dificultades.
- Dificultades ejecutivas actuales, por ejemplo, en la organización, planificación, gestión del tiempo, supervisión de errores…que alimentan la inseguridad.
- Regulación emocional frágil, con tendencia a la frustración y la ansiedad.
Consecuencias en la vida adulta
El síndrome del impostor en adultos con TDAH puede traducirse en:
- Baja autoestima, acompañada de un miedo constante al fracaso. Por ejemplo, aunque reciban un reconocimiento en el trabajo, piensan: “Seguro que cualquiera podría haberlo hecho igual o mejor”.
- Ansiedad y perfeccionismo que consumen energía y esfuerzo, por ejemplo, pasar mucho tiempo retocando una tarea “si no está perfecto, quedaré en ridículo”.
- Dificultad para disfrutar de los logros conseguidos, ya que los atribuyen a la suerte o al esfuerzo excesivo. Tras aprobar un examen importante, pueden decirse: “He tenido suerte con las preguntas” en lugar de reconocer su preparación.
- Evitación de oportunidades laborales o personales por miedo a “no dar la talla”.
- Deterioro en las relaciones personales al sentir que “no se es suficiente” para los demás. Esto puede traducirse en frases como: “Mi pareja se merece a alguien más organizado, yo no soy suficiente para ella/él”.
Cómo empezar a superarlo
La buena noticia es que el síndrome del impostor se puede trabajar. Algunas claves son:
- Psicoeducación: comprender qué es el TDAH y cómo influye en el día a día.
- Psicoterapia: aprender a identificar y cuestionar la autocrítica excesiva, desarrollar estrategias de regulación emocional y fortalecer la autoestima.
- Reconocimiento objetivo de logros: llevar un registro de avances, aunque parezcan pequeños, para evidenciar capacidades reales.
- Apoyo familiar: comprender que estas vivencias no son falta de voluntad, sino parte del funcionamiento del TDAH.
- Tratamiento farmacológico (cuando está indicado): mejorar la atención y la impulsividad puede reducir la inseguridad y favorecer la confianza en uno mismo.
Si tienes TDAH y en ocasiones sientes que no mereces tus logros, recuerda que esa sensación no define quién eres ni lo que vales. Se trata de una experiencia aprendida a lo largo de los años, pero que puede cambiar con apoyo y estrategias adecuadas.
Si al leer estas líneas te has sentido identificado/a, ya has dado el primer paso: reconocerlo. A partir de aquí, el camino consiste en aprender a valorar tus esfuerzos, aceptar tus logros como propios y permitirte confiar en ti mismo/a.
Victoria Alonso, Psicóloga en Psikids.
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