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La situación de pandemia sin precedentes a la que nos estamos enfrentando puede contribuir a la aparición o empeoramiento de los trastornos relacionados con el estrés. Según revela uno de los primeros estudios realizado en nuestro país sobre la actual situación de las familias, un 30% de los niños y adolescentes aislados en cuarentena como consecuencia de la pandemia de la COVID-19 podría presentar síntomas de estrés postraumático (TPET), y el 85% de ellos tendría padres con la misma sintomatología.

Los niños y adolescentes , al igual que los adultos, pasan por situaciones estresantes de las que se recuperan la mayoría de las veces. Sin embargo cuando los niños pasan por una situación de estrés más intenso, que ha amenazado su vida o su salud, o la de otras personas, puede aparecer un trastorno por estrés agudo (cuando los síntomas duran menos de 1 mes) o un trastorno por estrés postraumático (cuando los síntomas del anterior perduran más de 1 mes, o aparecen hasta 6 meses después del acontecimiento traumático).

Durante el suceso traumático que lo desencadena, el niño siente miedo intenso, desamparo u horror. Dentro se pueden incluir accidentes, desastres naturales, presenciar una agresión y muerte o enfermedad grave de familiar o persona cercana. En niños pequeños la violencia doméstica es la causa más frecuente, aunque no todos los niños que experimentan un suceso traumático desarrollan este cuadro.

En estos niños la clínica consiste en la aparición de los siguientes síntomas, que llevan a realizar el diagnóstico:

Reexperimentación del acontencimiento traumático: puede hacerlo en sueños (pesadillas) o despierto (flashbacks), quedando desconectado del entorno, actuando como si estuviera en peligro, y en ocasiones solo mediante pensamientos o imágenes intrusivas.

Conductas evitativas de todo lo relacionado con el trauma (situaciones, personas, conversaciones…)

Alteraciones negativas cognitivas como los pensamientos pesimistas y negativos persistentes y la dificultad para recordar un aspecto importante del suceso traumático. A nivel del estado emocional persistencia de miedo, irritabilidad o terror y dificultad para experimentar emociones positivas. Esto se acompaña a nivel conductual de desinterés en participar en actividades significativas

Estado de hiperalerta e hipervigilancia, con presencia de arrebatos de furia e irritabilidad, problemas de concentración o alteraciones del sueño.

En algunos casos se pueden asociar síntomas disociativos, como los fenómenos de despersonalización (sensación de irrealidad de uno mismo o de su propio cuerpo) o desrealización( sensación de irrealidad del entorno)

El tratamiento de estos pacientes se basa en la combinación de psicoterapia (psicoterapia de apoyo y cognitivo conductual para reestructuración cognitiva y desensibilización de siutaciones ) y tratamiento psicofarmacológico con antidepresivos (ISRS) cuando es necesario. La detección precoz de este trastorno mejora el pronóstico, de ahí la importancia de los médicos de Atención Primaria y pediatras para derivar los casos lo antes posible al especialista.

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