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¿Por qué nos cuesta cada vez más la llamada distancia social?

Si por algo destaca el ser humano y que nunca deja de sorprender es por su increíble capacidad de adaptación. Pero, ¿qué esta ocurriendo en la bien o mal denominada nueva realidad? Efectivamente estamos ante un cambio en muchos de nuestros sistemas de interacción personal y social, que inevitablemente lleva asociado un impacto emocional significativo. Somos seres sociales que necesitan especialmente el contacto físico, por lo que la situación actual (que nos exige la distancia física y evitar cualquier expresión que requiera contacto físico) está suponiendo un reto para todos nosotros.

Resulta muy destacado el experimento de Harry Harlow, psicólogo estadounidense que durante los años 60 se propuso estudiar en el laboratorio la teoría del apego y de la privación maternal de Bowlby. Realizó un experimento con monos, que hoy en día no superaría ningún comité ético.

El experimento consistió en separar a algunas crías de macaco de sus madres y después les dio a elegir entre dos artefactos. Uno de ellos era una estructura de alambre con un biberón lleno incorporado, y la otra era una figura similar a un macaco adulto, recubierto con felpa suave, pero sin biberón.

Ambos objetos, a su manera, simulaban ser una madre. Lo que descubrió fue que frente al artefacto que les proveía de alimentos, las crías preferían claramente el contacto con el artefacto que les aportaba más suavidad y calor, aunque no alimento.

Por tanto, ¿qué nos dice este curioso experimento de los años 60? Que el contacto físico es una necesidad que va más allá de cualquier elección. Esto nos lleva a otra necesidad, sobre todo con los más pequeños:

  • Es fundamental que seamos pacientes cuando, por necesidad, tiendan a no mantener la distancias.
  • Es importante acercarnos a ellos, siempre a su altura, y recordarles lo atípico de la situación, volviéndoles a contar de forma lo que ocurre.
  • Evitar que se sientan culpables si no logran mantener esa distancia y ofrecerles alternativas.
  • Explicarles otra forma de comunicar, ya que para ellos la más básica y primitiva es el contacto físico.
  • Y sobre todo, no eliminar (dentro de las limitaciones que supone la situación) el contacto físico que aún mantienen.

Que los más pequeños y los adultos entendamos esta necesidad es fundamental para que los niños logren entender e integrar en su historia personal un límite contrario a las necesidades más básicas.

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