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Desde que el coronavirus llegó, le doy vueltas a cómo ayudar a sostener el sufrimiento emocional derivado de esta crisis sanitaria, humana, económica, social.

Esta es una situación difícil para todos y hay que estar cerca para saber cómo se encuentra el otro. Creo que entre nuestros correos, llamadas o videollamadas estamos al día de cómo nos encontramos familiares y amigos. No sé, es como si esta conciencia de impredecibilidad nos hubiera ayudado a volver la mirada al otro, a saberme acompañada, vulnerable y complementaria con los demás. Y eso es importante, de las cosas a no olvidar cuando todo pase.

Pensaba que si vivimos este periodo como un paréntesis de la vida o como una desgracia que se nos ha venido encima y de la que vamos a salir adelante como de milagro, será difícil aprender. Pero podemos pensar también en qué cosas nos han ayudado a sostenernos y en mi trabajo también a sostener a las personas que reciben ayuda. Y en qué hemos aprendido. Creo que sería utilísimo que pudiéramos compartir estas cosas porque seguramente son fortalezas que tenemos. Algunas de las que yo tengo en mente y he estado pensando: a mí me sostienen las relaciones, tener techo y comida. La cultura. Compartir. Me sostiene saber que mi familia se encuentra bien. Me sostiene como profesional sentirme parte de un equipo con el que puedo compartir, pensar, organizar, tenernos en cuenta unos a otros como personas con nuestras propias circunstancias más o menos difíciles pero únicas. En estos días, el que más y el que menos nos hemos ido sintiendo poderosos y vulnerables, sostenidos y capaces de sostener, complementarios, parte de algo que es más que la suma de cada uno de nosotros.

Mis pacientes me preguntan cómo estoy y cómo está mi familia. Respondo a esta pregunta con agradecimiento. Ahora que se habla tanto de olas y curvas, es como si la asimetría en la relación paciente y terapeuta se hubiera reducido de alguna manera y eso no sólo no produce malestar en ninguno de los lados sino reconocimiento. Es como si hubiera un algo de humanidad compartida, de reconocimiento mutuo. No sé, da como para pensar más en el contexto de las personas y en el sentido de las cosas que nos pasan.

Creo que me sostiene también la idea de tener un propósito, una tarea. Y poder mantenerla en estas circunstancias me ha ayudado a descubrir cosas utilizando otras herramientas: el teléfono, los grupos virtuales… Tengo la impresión también que este utilizar otras herramientas de alguna manera nos ha facilitado ver la importancia de lo no específico, del trato: estar pendiente, estar presente, escuchar, tener al otro en cuenta, preocuparse por aspectos básicos, la amabilidad. En fin, seguro que vamos haciendo un catálogo grande de aprendizajes.

Que podamos seguir cuidándonos, mantener la calma y sentirnos cerca, con los gestos que devuelven la humanidad a la situación: miradas, caricias, compañías, solidaridad… en realidad, es la única manera en la que merece la pena salvarnos.

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