Hoy quiero proponerles un espacio de acción diferente, objetivo y cuantificable, para adolescentes y padres.

La adolescencia enfocada como “tormenta hormonal” frena nuestra acción ya que esas producciones se nos presentan involuntarias en intensidad y frecuencia. Estudios recientes cuestionan esa influencia, encontrando efectos directos muy pequeños de andrógenos y estrógenos sobre la conducta adolescente.

                Estos mismos estudios revelan que en la adolescencia se está produciendo una maduración cerebral  que sí incide en la regulación de su conducta. Se produce una nueva fase de alta “plasticidad” de estructuras como la corteza pre frontal, en un proceso similar al infantil. El término “plasticidad”, o como re – mapeo cortical, se refiere a la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse, como resultado de la experiencia, para aprender y mejorar nuestras habilidades cognitivas.

                Las Funciones Ejecutivas que dependen del lóbulo frontal son, entre otras Autocontrol, Toma de Decisiones, Organización y Planificación, Monitorización, Flexibilidad e Iniciativa, aquellas que nos permiten analizar y actuar en el entorno con capacidad de éxito sostenido, considerando  procesos de aprendizaje efectivos.

                Como decimos, la inmadurez puberal de la corteza pre frontal sí explica su impulsividad y como consecuencia su mayor implicación en conductas de riesgo, por su incapacidad de inhibición de respuestas de alta motivación y recompensa inmediata para ellos.

 El consumo de drogas puede ser una de estas conductas ya que la elevada liberación de dopamina que conlleva, genera en el adolescente una intensa sensación de placer que refuerza su repetición, e inhibe la acción ejecutiva de funciones como Autocontrol o responsabilidad ante las consecuencias de sus actos (Monitorización).

                Este consumo que afecta realmente a la transferencia de información entre neuronas, (llegando a lesionar la estructura de su membrana y causar su muerte) también activa el sistema de motivación-recompensa cerebral, provocando un placer hasta 300 veces mayor en comparación con otras actividades gratificantes.

Nuestro adolescente se debate y encuentra en las drogas ese “activo” ya que le genera un elevado placer al tiempo que limita su plasticidad, acallando la demanda de control de su cortex.

                Retomo aquí el objetivo inicial planteado ya que, una vez reconocido el escenario adolescente, sus actores y roles, y los motivos de sus acciones, podemos intervenir desde frentes prácticos y realistas para contemplar las demandas de sus circuitos y conseguir su abandono de “paraísos sensuales”.

                Para conseguir que su elevada e incansable demanda de dopamina se satisfaga tendremos que acercarnos a su mundo para conocer qué actividades pueden generarle placer y motivación y con ello actuar para reforzar su realización. Tengamos de nuevo en cuenta su atracción por conductas de riesgo y retomemos nuestra vena adolescente  valorando, si es necesario, ¡las bonanzas del paracaidismo!

                Para nuestro alivio, actividades que también liberan cantidades elevadas de dopamina son las físicas y deportivas, que además tienen añadido un componente de cambio de entorno social y relacional muy importante para que nuestro adolescente encuentre otro entorno de estímulo y refuerzo, fuera del asociado al consumo.

                Para conseguir que nuestro objetivo de madurez se cumpla en este nuevo escenario podemos, entre otras cosas,  trabajar con tareas de objetivos cuantificables como son las Funciones Ejecutivas, ya que las podemos traducir en habilidades y desarrollarlas con programas específicos como nuestro programa P.O.D.E.R.

                ¡Les deseo la mejor de las adolescencias y un excelente día!