Quería dedicar el espacio de esta semana a reflexionar sobre esta cuestión que está a la orden del día y que, dentro de la vorágine en la que estamos metidos, puede que como padres no nos hayamos planteado.

¿A cuántas actividades van vuestros hijos después del cole?

En la actualidad, lo que “se lleva” es que nuestros hijos sean polifacéticos y sepan hacer millones de cosas (que por supuesto nosotros no sabemos hacer).

Hace unos cuantos años, lo niños salíamos del colegio, pasábamos por casa a recoger la merienda y nos marchabamos a las zonas comunes o al parque de en frente hasta la hora de hacer los deberes y cenar.

Hoy, la situación es bien distinta. A la salida de los colegios ves a mamás estresadas, regañando a sus hijos porque han salido tarde. Estos tienen que merendar raudos y veloces mientras se cambian de ropa (muchas veces sobre la marcha en el coche) o de mochila en función de lo que le toque…. ¿Qué toca hoy? ¿Fútbol? ¿Tenis? O ¿piano? Cuando preguntas a esas mamás o papás en ese momento te responden algo así como “Para que pierdan el tiempo en casa, jugando o viendo la tele, mejor que aprendan algo o que hagan deporte”.

Jugar, no es perder el tiempo

El tiempo que un niño está jugando es fundamental para su aprendizaje. Si echamos un vistazo a las agendas de los más peques, veremos que de lunes a viernes empiezan a las 9 de la mañana y acaban a las 20 horas.

Pero la cosa no queda ahí; ¡hay extensiones para el fin de semana (partidos, conciertos, exhibiciones…)! y esto tiene como resultado unos niños estresados, que van de aquí para allá aprendiendo y haciendo mil cosas, con dificultades para pararse y concentrarse, incapaces de disfrutar del momento que viven y siempre preocupados por lo que viene después.

Por lo mismo,  son niños que no saben cómo planificarse o gestionarse el tiempo, puesto que desde siempre han estado dirigidos por el adulto y se aburren si nadie les dice qué hacer. Son niños que además de lo dicho, tienen poca capacidad de decisión, nula creatividad y ganas de inventar y les resulta difícil relacionarse y negociar con sus iguales, trabajar en grupo, autorregularse o resolver sus problemas ellos solos.

Algunos pensaréis… ¡pero nuestros hijos en las extraescolares están jugando y se están relacionando con otros niños!

Claro que hoy en día los niños también comparten juegos con iguales. De hecho muchos piden a sus padres ir a las mismas extraescolares que sus amigos sobre todo si la alternativa es quedarse solos en casa; pero la socialización que se lleva a cabo en los espacios reglados y dirigidos por un adulto no es igual a cuando las normas no vienen impuestas por los adultos y son los propios niños los que tienen que ponerlas y por supuesto, no aprenden igual las consecuencias de lo que hacen o deciden.

¿Esto quiere decir que hay que dejarles a su aire todos los días?

Desde luego que no.

Lo importante es no sobresaturar a los niños y sobre todo no decidir las extraescolares en función del horario que les venga bien a los padres. Sería bueno poder pedirles opinión a los niños y que ellos puedan participar en la decisión. Quizá como padre, preferirías que aprendiera a tocar el piano pero él prefiere fútbol; respetar sus gustos es importante.

Por otro lado, habría que evitar tenerles ocupados demasiados días a la semana. Lo ideal sería escoger extraescolares lo más lúdicas posibles, que no resulten competitivas ni se esperen de ellas resultados, y al mismo tiempo poder hablar con otros papás o vecinos para que, al menos una tarde puedan dedicarla a jugar con uno o dos de sus amiguitos en casa de uno u otro.

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