Por fin llega el verano y las ansiadas vacaciones que todos estábamos esperando. Se termina el periodo lectivo para nuestros hijos y es momento de elegir qué actividades van a realizar los pequeños y no tan pequeños de la casa. Se acaba el estrés que los padres hemos estado sufriendo para que nuestros hijos llegaran a todo y relegamos al olvido aquello que hemos venido haciendo, incluidas las responsabilidades y quehaceres de nuestros hijos. Pero, ¿son beneficiosas las vacaciones, sin límites?

LOS LÍMITES

Los límites son consignas que los padres damos a nuestros hijos para poder integrarse en la sociedad que les enseña a diferenciar el comportamiento adecuado del que no lo es. Si nosotros dejamos de ejercer este rol y no les enseñamos la diferencia y permitimos que nuestros hijos “descansen” de límites y normas en vacaciones, vamos a generar inseguridad e inestabilidad en ellos.

Es fundamental que reparemos en que poner límites no es un castigo, si no una enseñanza. Los límites marcan lo que se espera de nosotros y nos ayuda a crecer con confianza y seguridad.

Nos ayudan a agradar a los demás con nuestro comportamiento. Los límites, además, facilitan a nuestros hijos aprender a responsabilizarse de su comportamiento, y no podemos olvidar que la responsabilidad es algo que se aprende. Es necesario el aprendizaje de la responsabilidad de la conducta para poder, posteriormente, aprender a responsabilizarse de los estudios.

Enseñar a nuestros hijos que un comportamiento no es adecuado es imprescindible y que mejor periodo que en vacaciones donde todos estamos relajados. Sería igualmente beneficioso que implicásemos en la imposición de límites también a aquellas personas que nos ayudan en la crianza de nuestros hijos.

CARACTERÍSTICAS DE LOS LÍMITES

  • Claros y especificos. El niño/a tiene que saber claramente lo que se espera de él. El límite tiene que ayudar al niño a saber qué tiene que hacer, cuándo hacerlo, cómo hacerlo y qué consecuencias ́ supondrá su cumplimiento o incumplimiento. Por ejemplo, es preferible decir “quiero que permanezcas sentado/a en tu silla hasta que termines de comer” a “pórtate bien”.
  • Hay que explicar el sentido que tiene la norma o límite para el bienestar del niño. “Si respetamos el turno de palabra para hablar, nos escucharemos mejor”.
  • Deben estar ajustadas a la edad y al desarrollo evolutivo del niño/a. Si la norma es poner la mesa, no puede ser igual para un niño de 3 años que a uno de ocho, y esto es necesario explicárselo.
  • Ser comprobables. Para poder recompensar la conducta o sancionarla. “Recoger los juguetes en media hora”, una vez pasado el tiempo se comprueba si se ha cumplido.
  • Deben ser cortos cuando se anuncian y planteados en positivo. “Comemos sentados” en vez de “no te levantes cuando comas” significa lo mismo y así́ no se asociarán las normas con las prohibiciones, le damos un aspecto más positivo y por tanto motivamos al niño/a a cumplirlo.
  • Revisables y evaluables periódicamente. Por ejemplo, la hora de acostarse puede ir modificándose con la edad.
  • Razonables y fáciles de cumplir. Por ejemplo, a una niña o un niño muy activa/o, no podemos pedirle que permanezca quieta/o durante una hora leyendo. Si ponemos una meta demasiado alta, puede que se desanime.
  • Es importante que las normas o límites sean comunicadas y aceptadas por el niño/a. Respetarán las normas y límites mejor si han participado en su diseño. Si es posible compartidas y no impuestas.

PARA FINALIZAR

Los padres tenemos que explicar las consecuencias que tiene el cumplimiento o no de los límites o normas para que nuestros hijos sepan con seguridad lo que va a ocurrir, así́ no tendrán tanta necesidad de “probar” nuestra paciencia.

Se recomienda hacer recordatorios de los mismos de vez en cuando, sobre todo cuando se empiezan a poner que cuesta más llevarlos a cabo. Tenemos que empezar con pocas normas o límites e ir aumentando progresivamente su número a medida que los niños vayan consiguiendo realizarlos satisfactoriamente.

Y sobre todo no olvidar que un límite es una enseñanza que puede y debe hacerse en vacaciones puesto que redundará en la confianza y posterior autoestima que tengan nuestros hijos.

“Enseñad a los niños y no habrá que castigar a los hombres”. Pitágoras

"Los adultos con TDAH están abandonados a su suerte" Redacción Médica
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