Las redes sociales aportaron a la comunicación, desde el primer momento de su generalización, una serie de posibilidades que no se habían conocido hasta ese momento. La velocidad, la accesibilidad y el bajo costo eran características que ya nos hacían prever que acabarían transformando los modelos de comunicación humana existentes. Pero el paso del tiempo nos ha hecho testigos de cómo esos cambios han superado con creces nuestras expectativas. La interacción social ha dejado de ser patrimonio exclusivo del contexto presencial, para ser cada vez más frecuente en la red.

Aproximarse al estudio de este fenómeno requiere, por un lado un análisis secuencial del desarrollo de las redes sociales, y por otro, un acercamiento al proceso de maduración social de los adolescentes.

Preadolescencia y Redes Sociales

Desde la preadolescencia (11-13 años) las relaciones interpersonales van a tener un papel fundamental. Los chicos necesitan relacionarse, conocer gente nueva, establecer amistades significativas y duraderas, ¡las relaciones no son nada fáciles! El deseo de formar parte de un grupo comienza a ser una necesidad biológica, tanto como comer y a veces más incluso que dormir. La preocupación por su aspecto, por gustar al otro sexo, comienza a brotar con fuerza y se convierte en una parte fundamental de su identidad personal. Y estas características que son comunes a los adolescentes de todas la épocas con la era tecnológica las relaciones pueden, lejos de simplificarse, adoptar una complejidad mayor.

Los estudios y análisis que han ido surgiendo en torno a este fenómeno han ido oscilando entre perspectivas más y menos alarmistas.

Primera década de este siglo

En la primera década de este siglo surgieron las primeras inquietudes sobre los riesgos que Internet tenía para los adolescentes, ya que se podría convertir en un motivo de aislamiento social.

A partir del 2010

Sin embargo, a partir del 2010 surgieron los estudios que analizando los modelos de comunicación virtual entre adolescentes y adultos jóvenes, objetivaron que los adolescentes utilizaban Internet, y específicamente las herramientas de comunicación, de forma complementaria a la comunicación presencial, coincidiendo mayoritariamente su red de contactos presenciales con la red de contactos en red.

La mayoría utilizaban las redes sociales para conectar con personas pertenecientes a su entorno cercano presencial, y un grupo minoritario de personas creaban en las redes sociales un mundo paralelo al entorno presencial.

En los últimos 4 años…

Sin embargo en los últimos cuatro años, con el impacto que supuso la entrada del fenómeno Instagram, Twitter y los canales de Youtube, la comunicación interpersonal ha dado un salto cualitativo.

Se ha potenciado y favorecido la interacción con personas que no pertenecen al entorno cercano, pudiendo establecer comunicación con determinados grupos de personas afines a uno mismo, con los que el contacto presencial es improbable.

Igualmente, el anonimato y seguridad que aporta comunicarse a través de una pantalla está favoreciendo que las reglas de comunicación y los valores como el respeto al otro y la asertividad se puedan perder.

Acoso en las Redes Sociales

Además surge un fenómeno que se vislumbra como incontrolable: el acoso a través de redes sociales, difícil de afrontar para el adolescente que lo sufre, muy fácil de llevar a cabo para el grupo que lo ejerce y prácticamente imposible de erradicar por parte de los adultos responsables del menor, y en general de la sociedad.

Los adultos tampoco vivimos al margen de las redes sociales, la mensajería instantánea y otras aplicaciones de este tipo se han instalado en nuestras vidas, pero contamos con modelos educativos diferentes y con la madurez que nos ayuda a no perder de vista la realidad.

  • Por eso mismo tenemos que ayudar a nuestros menores a que perciban la realidad tal y como es, y no como la creen en su mundo virtual.
  • Tenemos que ayudarles a ser conscientes de los riesgos que supone el uso indebido de las redes sociales, a saber controlarse ofreciéndoles reglas y normas claras, favoreciendo una desintoxicación digital en distintos entornos y momentos del día que les permita disfrutar de otras actividades.

En definitiva ayudarles a cuestionar esta frase que un día leí en una red social: En Facebook todo el mundo es feliz, en Instagram todo el mundo es guapo y en Twitter todo el mundo tiene la razón.

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