PROTEGER VS SOBREPROTEGER. 5 consejos fundamentales.

Por Maria Martín. Psicóloga en Psikids El Viso.


Nuestros hijos se enfrentan a un mundo que nosotros conocemos
desde hace más tiempo que ellos y con el que ya estamos familiarizados. Nosotros sabemos qué cosas les van a poner tristes, qué cosas les van a angustiar, sabemos cuáles son las tareas vitales que les esperan… Dicho de otro modo, nosotros somos capaces de detectar los factores de riesgo que les acechan y reconocemos también los factores de protección que les pueden prevenir de peligros externos. Entonces, ¿qué hacemos? ¡es muy difícil no caer en la tentación del cuidado excesivo!

Si, hablamos de la sobreprotección.

Como padres a menudo tratamos de evitar el sufrimiento en nuestros hijos y, aunque esto es totalmente comprensible, no es necesariamente beneficioso puesto que interfiere en su desarrollo evolutivo.

La sobreprotección hacia los hijos impide el desarrollo de su autonomía de forma adecuada. Una forma que no es objetivable, por lo que es ahí donde reside la dificultad como padres de saber hasta dónde y de qué manera ejercer la protección.

Si los padres, siempre con la mejor de las intenciones, evitamos que nuestros hijos se frustren, se angustien o cometan sus propios errores, a lo mejor les estamos ahorrando un sufrimiento a corto plazo, pero, con seguridad, estamos aumentándolo a largo plazo. Es decir, si les proporcionamos todo aquello que ellos desean sin que ellos tengan que esforzarse y, además, les evitamos las frustraciones y dolores del crecer, cuando sean adultos se darán de bruces con la realidad porque la vida lo es todo menos fácil y sencilla.

La baja tolerancia a la frustración está reñida con el esfuerzo y el sacrificio, los cuales son fundamentales para un desarrollo adecuado. La tolerancia a la frustración se adquiere haciendo frente a las emociones desagradables que se sienten cuando la realidad no encaja con los deseos internos. Y entonces uno tiene que renunciar a algo que desea, y como consecuencia sufrir dolor, enfado, tristeza o rabia.

Así que, no solo no es conveniente evitarles el sufrimiento y la frustración sino que es importante dejar que las cosas les sucedan y aprendan a resolverlas. La protección no consiste en evitar, más bien reside en dotar a nuestros hijos de herramientas para poder solucionar los avatares de la vida, que les hagan independientes y autónomos y les ayude a marcarse metas realistas por las que tengan que esforzarse y ser responsables a la hora de alcanzarlas.

Por eso,

– No debemos anticiparnos a sus demandas, hay que dejar que ellos pidan ayuda.

– Ir concediendo autonomía de manera gradual otorgándoles pequeñas responsabilidades.

– Enseñar a resolver problemas que les sirvan de modelo para superar otras dificultades.

Reforzarlos y elogiarlos.

– No hacer las cosas por ellos para que aprendan por sí mismos.

Nuestros hijos necesitan probar, caerse, levantarse, saborear sus éxitos, superar sus fracasos, tratar de mejorar y alcanzar metas difíciles… ¡no podemos disimularles la vida cotidiana! Tienen que descubrir el significado de los triunfos, de las decepciones y de los fracasos para arreglárselas sin nosotros el día de mañana.

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