Una de las razones que más angustia a los padres es que sus hijos  no quieran comer o sean “quisquillosos” para hacerlo.  Es frecuente en nuestra práctica diaria que nos consulten padres preocupados porque se les ha hecho cuesta arriba alimentar a sus hijos, algunos ejemplos de ellos han sido:

1.- No les gusta la sensación de grumos o sólidos en la boca.

2.- Prefieren los lácteos a los alimentos sólidos.

3.- Se niegan a comer alimentos nuevos.

4.-Gradualmente han ido rechazando alimentos que algún momento su hijo comió.

5.- Tienen preferencia a comer  patatas fritas, pan, galleta o algún alimento en particular.

6.- Niños que rechazan un alimento porque se lo presentan diferente, por ejemplo, un  plato de pasta al que los padres le  agregan queso o salsa, lo rechazan porque no lo ven igual. Incluso hay quienes rechazan alimentos si el paquete en el que vienen es diferente,  o  solo comen un sabor particular, como en el caso de los yogures de fresa, por ejemplo.

¿Qué debo hacer si mi hijo presenta algunas de estas conductas?

Es importante destacar que  cuando nos encontramos con niños que rechazan las comidas  en general o  que comen muy poco, lo primero que hay que hacer es descartar la presencia de una causa orgánica, como lo pueden ser: acidosis tubular renal (pérdida de calcio por orina), intolerancias alimentarias, alergias, o reflujo gastroesofágico, en estos casos las molestias hacen que el niño asocie la comida con dolor y por supuesto se produzca un rechazo, o inapetencia.

Si las conductas inadecuadas de comer de su hijo no están asociadas a ninguna causa orgánica, es recomendable buscar ayuda de profesionales expertos en el área, porque en este caso  podemos estar frente a un:  “Trastorno de Ingesta Alimentaria Evitativo / Restrictivo”, es el diagnóstico de trastorno alimentario más nuevo incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, (DSM-5).

¿Qué es el Trastorno de Ingesta Alimentaria Evitativo/Restrictivo?

Es un trastorno  que se caracteriza por que el niño presenta una falta de interés por comer, teniendo como consecuencia:

  • Pérdida de peso significativa.
  • Deficiencias nutricionales.
  • Dependencia de complementos alimenticios.
  • Dificultad en el funcionamiento psicosocial.

Este trastorno incluye un amplio espectro de conductas alimentarias restrictivas, no motivadas por el peso o la forma como lo es en el caso de la anorexia nerviosa. Inician en la infancia y pueden estar presentes a lo largo de la vida. Estos comportamientos alimentarios restrictivos pueden caracterizarse por:

  • Comer selectivamente: este grupo incluye, los que prefieren alguna textura en particular, sabor dulce o salado, color (blanco, marrón), marcas, etc.
  • Falta de apetito general o de interés en comer: se caracteriza por una restricción alimentaria generalizada. Estos niños rara vez tienen hambre, se sacian temprano en la comida, pueden pasar horas sin comer.
  • Fobias alimentarias: frecuente ante historia secundaria de dolor, asfixia, atragantamientos o una experiencia aversiva como la alimentación forzada. Los padres usualmente se preocupan tratando de hacer que los niños coman más, presionándolo con gritos, discusiones, lo que invita a la resistencia del niño y/o su preocupación los lleva a que el niño coma con un ipad, el televisor, juguetes, etc, cayendo  en un circulo vicioso de manipulación, haciendo que se agrave el problema.

Los niños con autismo o alteraciones del desarrollo, pueden presentar este trastorno.

¿Cuáles son las causas de estos trastornos?

Las causas son multifactoriales, van a depender del subtipo de trastorno, hábitos y dinámica de alimentación familiar, presencia de comorbilidades (autismo, alteraciones del desarrollo) y  estado emocional del niño y/o cuidadores.

¿En qué consiste los tratamientos?

1.- Si el paciente presenta deficiencias nutricionales, se encuentre bajo peso o tiene una disminución en la velocidad de crecimiento, se recomienda que sea el primer abordaje en el tratamiento.  El equipo debe decidir en encontrar un equilibrio entre alentar una mayor ingesta de los alimentos de preferencia, una dependencia temporal de complementos nutricionales y alentar la exploración de nuevos alimentos. Al principio del tratamiento, este equilibrio puede inclinarse más hacia el aumento de la ingesta de alimentos preferidos por el paciente para favorecer el aumento de peso, y  progresivamente disminuir la ingesta de suplementos orales. Las etapas posteriores del tratamiento deben cambiar hacia fomentar la expansión de la dieta.

2.- El tratamiento debe combinarse con técnicas psicológicas  para reducir la ansiedad y desafiar las creencias negativas relacionadas con probar nuevos alimentos.

3.- Se debe tener en cuenta la etapa de desarrollo del paciente, para establecer pautas.

4.-Adicionalmente, es esencial que  la familia se incorporen al tratamiento para garantizar que se satisfagan las necesidades nutricionales. La capacitación a los padres es útil para enseñarles a cómo manejar  los desafíos de comportamiento durante las comidas,  en PsiKids vamos más allá que el decirles que disfruten de la comida (esto suena fácil, pero para los padres no lo es). Se recomienda por ejemplo, eliminar todos los distractores (T.V, Ipads, etc), comer en un lugar nuevo, permitir que el niño participe en  las preparaciones de alimentos, comidas familiares agradables en lugar que su alimentación sea el foco.

5.- El tratamiento debe ir centrado en las relaciones, permitimos que padres e hijos trabajen juntos en lugar de enfrentarse entre sí.  Los padres deben usar  la motivación interna y las habilidades del niño, para que el momento de las comidas  sea  agradable.

6.- Se les aconseja a los padres sobre la introducción de alimentos, les explicamos  sobre “la técnica del puente”, la cual consiste en elegir un nuevo alimento que sea similar en sabor, textura o apariencia a su alimento favorito, por ejemplo, agregarle calabaza a un puré de patatas e ir aumentado la calabaza progresivamente.

Estas son tan solo algunas de las estrategias que se ofrecen en los tratamientos. Tengamos presente que es un trastorno alimentario complejo y heterogéneo que requiere una evaluación integral (psiquiatra-psicólogo, nutricionista y logopeda) y la comprensión de las conductas alimentarias inadecuadas. Dirigido al niño, padres o cuidadores, para un tratamiento totalmente individualizado y correcto (las estrategias no son iguales para todos los casos).

 

 

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