Sin duda la depresión en la adolescencia es algo que preocupa a los padres. Sabemos que la adolescencia es una etapa de cambios y transición. Sin embargo, esta experiencia no es una alteración o patología en sí misma. En muchas ocasiones, las familias le plantean dudas a los especialistas que hacen relación a la dificultad para diferenciar la irritabilidad, mal humor, apatía, cambios en el rendimiento académico propios de la etapa en la que se encuentran sus hijos, de aquellas situaciones que requieren una ayuda especializada. Por ello resulta fundamental entender la tristeza propia de un cuadro depresivo, de aquella tristeza que de forma sana aparece en la adolescencia.

Y que mejor forma de entenderlo que a través del escrito de una adolescente que sufrió un cuadro depresivo grave, con 15 años de edad. A través de técnicas narrativas logró expresar lo que sentía en aquel momento. Ella lo tituló “los cuchillos no cortan

Los cuchillos no cortan

“Ya llevaba 3 semanas sin acudir a clase, no comprendía por qué no podía ir, quería, pero algo me lo impedía.

Eran las 15:30 horas y la casa estaba sola, el silencio reinaba. De pronto, mi teléfono sonó:

  • ¿Sí?, pregunté.
  • Hola hija – era mi abuela. ¿Cómo estás?
  • Bueno , no muy bien- Lo cierto es que estaba hundida-
  • ¿Qué ha pasado? ¿hoy tampoco has ido a clase?
  • No, nunca debí pronunciar esa monosílabo, la palabra que terminó por joderme el día.
  • ¿Y eso, no te encuentras bien? Deberías luchar contra eso que te hace sentir mal. << Ya empezamos>>.

Estas dejando de lado tus estudios, echando a perder tu vida- en esos momentos comencé a marearme – No entiendo que es lo que te hace sentir mal, si tú eres muy guapa, inteligente, buena persona.- Mi abuela no era de esas que comprendía muy bien que aunque seas la mejor y tengas todo ( no es mi caso), automáticamente tienes que estar bien- Ya no eres la misma de antes, – << pues claro que no lo era>>- no puedes dejar de lado tu vida- las primeras lagrimas amenazaban con salir.

  • Ya…. fue lo único que pude decir.
  • Bueno hija que te mejores, a ver si mañana vas al cole.
  • Hasta luego.

<< Acaso creía que el hecho de ir a clase significaba estar bien? ¿Era lo único que le importaba? ¿De verdad estaba echando a perder mi vida? >>

El teléfono volvió a sonar, pero esta vez era mi madre.

  • ¿Sí?
  • Hola, ¿Qué tal estas?
  • Mal, dije fríamente.
  • ¿Que ha pasado?
  • La abuela y sus charlas.
  • Ya… << ¿Era eso lo único que iba a decir?, ni un “¿Ya la conoces?” o “no la hagas caso”, o incluso un “ tranquila, la abuela no entiende que te pasa” ¿ Nada? >>
  • ¿Algo más?
  • No, nada << ¿Nada? >>

<< ¿Por qué nadie me entiende?, ¿Por qué no me apoyan?, igual no les importo. Tal vez sea cierto que si desaparezco no les afecte. Tiene razón mi abuela, mis padres, van a perder el trabajo por mi culpa, estoy echando a perder mi vida. Pero ¿Qué vida?, si dejo de vivir igual sea mejor. Sí eso es debería hacerlo>>

Entre lágrimas y sollozos escribí mi adiós a mis seres queridos. Mis amigos, mi familia… A medida que las palabras salían de mi mente, el llanto era más fuerte.

<< Han sido grandes años, ¿y si no lo hago? Me queda mucho por aprender y tanto por enseñar… >>, << Pero las cosas han cambiado, ya nada es igual, no hay marcha atrás >>.

Los mejores recuerdos están en las fotos, han sido tantos y tan buenos. Una pena que no vaya a haber más. Me dirigí a la cocina en busca del cuchillo más afilado. Miré el móvil, 5 llamadas perdidas de mi padre. << Ps, como si ahora le importase cómo estoy. No puedo decirme que no quiero cambiar, que lo único que hago es ir hacia atrás y pretender que esté feliz >>. Dejé el móvil y rebusqué en los cajones. Cogí un cuchillo, no cortaba, otro tampoco.

<< ¿En esta casa no hay cuchillos que corten? >>. Todo se volvió negro de pronto apenas recuerdo que pasó estaba asustada y como… ¿En trance?.

Solo sé que lo único que decía era “Los cuchillos no cortan”.

No podía moverme y las palabras no me salían. También recuerdo a mi padre gritarme, llamándome, estaba preocupado y… asustado. Me abrazaba pero lo único que yo hacía era apartarlo… y repetir la misma frase una y otra vez.

Algo en mí cambió y fue como si despertara de aquel “trance”. No sé qué pudo pasar, pero mi padre me dijo que me encontró sentada en la cama con un cuchillo en mano, que mi hermana se asustó y fue a su cuarto.

Hablé con él, me dijo por primera vez que me quería y por una vez lo vi realmente afectado. Supongo que a pesar de todo soy su hija y se preocupa por mí.

Mi madre vino llorando y afectada por todo. Había tenido un mal día. Dijo que no sabía que decirme (cuando la llamada) y que no sabía que me hubiera sentado tan mal.

“No me vuelvas a hacer esto, no me abandones ni me dejes sola”.- Me suplicó.

  • No lo haré, el destino no quiso separarnos. No era mi hora, por eso los cuchillos no cortaban- Sonreí

Y es cierto, Los Cuchillos No Cortan, Necesitamos comunicarnos y expresar lo que sentimos, de esta forma evitaremos malentendidos que pueden costarnos la vida.  Ahora lo entiendo, ellos me necesitan tanto como yo a ellos”.

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