Con frecuencia los niños dicen no saber porque actúan de una manera determinada, en especial cuando su comportamiento es valorado como negativo. Por eso es importante ayudarles en esta complicada tarea.

Con frecuencia ni los adultos sabemos porque estamos irascibles o irritables, y en esta línea, en los últimos tiempos se acuñan términos como Hangry, que procede de combinar las palabras Hungry (hambriento) y angry (enfadado), para explicar esos momentos en que bajos niveles de azúcar en sangre y las sensaciones que esto nos produce, nos hace mostrarnos enfadados, impacientes… tranquilos, no pretendemos hilar tan fino…pero si creemos que es importante que los niños aprendan a identificar el origen de sus emociones para poder gestionarlas mejor.

Nuestras emociones tienen expresión en nuestro comportamiento, pero con frecuencia el origen está en nuestros pensamientos. En este punto es donde entra en juego la metáfora superhéroe vs villano.

En ocasiones un estilo de pensamiento pesimista, que anticipa dificultades, generalizando de una forma global algo que sucedió de manera aislada, ideas basadas en auto expectativas negativas, determinan la forma en que niños y adultos nos enfrentamos a los problemas cotidianos, haciendo que seamos menos eficaces de lo que realmente somos, convirtiéndonos en nuestros propios villanos.

Sin embargo, cuando somos capaces de hacer una valoración más objetiva de nuestras capacidades y de la situación, desde un optimismo realista, sin dejarnos llevar por pensamientos irracionales, aumenta la probabilidad de que gestionemos la situación de una manera adecuada, convirtiéndonos en nuestros propios superhéroes.

En la práctica no es una tarea sencilla, pero con un poco de esfuerzo y algunas recomendaciones podemos ayudar a nuestros hijos  a ser un poco más felices y resolver problemas con una mejor inteligencia emocional:

  • Hay que aprender a no centrarse solo en la conducta del niño, y ayudarle a identificar que pensamientos hay de fondo, cuando se siente frustrado, enfadado, triste… Por ejemplo, cuando nos dice que está triste porque su amigo no le quiere, seguramente este generalizando esa idea, basándose solo en que ese día no ha estado con su amigo como suele estar o no ha querido jugar con él. Es importante hacerle ver que eso no es así en realidad, que es solo un hecho aislado y que no tiene por qué implicar nada más. De esta forma reduciremos su angustia y podrá hacer una valoración de la situación más objetiva.
  • Por otro lado, hay que ayudarles a comprender la relación entre ese tipo pensamientos irracionales y la emoción que siente. Es mucho más triste pensar que su amigo no le quiere que pensar que su amigo hoy no ha querido jugar con él.
  • Como para otras tantas cosas en la labor educativa, hay que ser buen ejemplo, si nosotros nos mostramos catastrofistas ante los problemas de la vida diaria, ellos aprenderán a sentirse así y, por lo tanto, aprenderán a sobre reaccionar.
  • Los niños pequeños, funcionan mejor con estímulos visuales, que auditivos, por lo que construir un emocionometro que nos sirva para apoyarnos para el análisis de las situaciones nos será de mucha utilidad. De manera que cuando niño identifique que emoción es la que siente, podamos preguntarle qué es exactamente lo que le hace sentirse así, la situación o la elaboración que ha hecho de esa emoción.
  • Es bueno enseñarles, cuando sean más mayores, que los pensamientos anticipatorios negativos interfieren en nuestras capacidades haciéndonos más torpes e ineficaces. Por ejemplo, si vamos inseguros a un examen nos saldrá peor.

En conclusión, eduquemos a nuestros hijos en la asignatura que más les va a ayudar a ser felices en la vida, en la inteligencia emocional, convirtiéndoles en sus propios superhéroes, y huyendo de sus pensamientos villanos.

Tolerancia a la frustración y manejo de la Ira
¿Por qué es importante fomentar la autonomía desde pequeños?
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