La adolescencia en una etapa de múltiples cambios biológicos, psicológicos y sociales, considerados normales, cuyo conocimiento nos ayudará a distinguirlos de los patológicos y a reducir la ansiedad y desconcierto que a veces nos generan.

La adolescencia es una etapa en la que, al mismo tiempo que se alcanza la madurez sexual, se va a producir un importante desarrollo cognitivo y emocional que va a preparar al adolescente para su futura vida adulta.

Gradualmente sus habilidades cognitivas se hacen más complejas y competentes, a la vez que su razonamiento moral se hace más amplio, por lo que comienzan a tener un pensamiento más crítico que les hace cuestionar reglas, normas y explicaciones de las figuras de autoridad. Este hecho les hace también más sensibles a los defectos que perciben de los adultos y dificultan sus relaciones, dando lugar a conflictos por nimios desencadenantes y a reacciones de irritabilidad y agresividad que traduce un patrón emocional más inestable.

Existe un alto grado de egocentrismo, consideran que son el foco de atención y que sus experiencias son únicas y excepcionales, esta percepción de uno mismo en un cerebro que aún no ha desarrollado por completo su capacidad para autorregularse, a veces da lugar a conductas arriesgadas e impulsivas que pueden amenazar su bienestar.

Crece la preocupación por su cuerpo y el físico, por lo que emplean mucho tiempo en mejorar su apariencia. Con el tiempo van ir creando una autoimagen integrada que engloba también otros aspectos de sí mismos, van conociendo quiénes son, con sus fortalezas y debilidades.

Es un proceso de búsqueda de identidad, pero también de mayor autonomía. Desean escapar del control de los padres y una mayor independencia, por lo que cada vez pasan menos tiempo con la familia y cobra más importancia la vida social. Los compañeros y amigos que eligen crean un sentimiento de pertenencia grupal y van a formar parte de su identidad. Asimismo, es en esta etapa, sobre todo avanzada la adolescencia, cuando se despierta el deseo sexual y buscan encuentros más íntimos.

A veces estos cambios sorprenden a los padres y estos pueden reaccionar de forma desproporcionada, provocando que sus hijos se sientan incomprendidos, ayudando a crear clima de mayor tensión y conflicto intrafamiliar.

Conocerlos, identificarlos y normalizarlos puede facilitarnos el manejo de esta realidad y permitir desarrollar estilos educativos más seguros y adaptativos.

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