Os voy a contar un pequeño fragmento de mi vida: una vez hube terminado mi licenciatura de Psicología, de realizar distintos Másters, Experto y cursos variados, consideraba que me sentía capaz de manejar con cierta soltura aquello que se me presentase dentro del campo profesional, pero ¡todas esas teorías se me cayeron encima de la cabeza cuando fui madre!

¿Por qué me costaba tanto aplicar como madre de dos lindas niñas aquellas teorías y reglas que yo sabía?

Una de las primeras cosas, que no me quedó otra que reconocer, es que tenía emociones vinculadas con esas niñas que no podía deshacer, y comprender que se me planteaba un gran conflicto cuando yo quería que mis hijas fueran independientes, responsables, con autoestima, pero también pretendía controlar el uso correcto de su tablet, móvil, los deberes y que, además, me hicieran caso. ¿Os suena verdad?

¿Existe una receta “mágica” para educar?, ¿Cómo conjugamos lo que sabemos con lo que realmente queremos hacer?

Si éstas son algunas de tus cuitas a diario como padre/madre, o si quieres formar una familia en breve, seguramente te puede servir de ayuda la lectura de este post.

LA TERAPIA DE PADRES/MADRES

Es necesario que los padres/madres sepamos que somos agentes de cambio, y como tal somos importantísimos en la resolución de los conflictos de nuestros hijos/as.

  • Primero, obviamente, porque tenemos la responsabilidad de educar a nuestros retoños, o lo que es lo mismo, tenemos que enseñarles las estrategias que les faciliten promover su salud, prevenir y solucionar problemas comportamentales y facilitarles la socialización.
  • Segundo, porque si ayudamos y dotamos a los padres/madres de las herramientas suficientes para modificar el contexto, el cambio conductual o comportamental en los niños/as se producirá antes y con mayor eficacia.

Hemos de darnos cuenta que los padres/madres, sin pretenderlo, estamos generando o manteniendo la mayoría de los comportamientos que presentan nuestros niños ya sean pequeños, adolescentes o jóvenes, bien por nuestra información, creencias, profesiones, habilidades educativas, estado psicológico o  bien por el tiempo que les podemos dedicar a los hijos/as.

Usamos la terapia de padres/madres para tratar sobre todo problemas de conducta, ya que les enseñamos a utilizar estrategias para modificar el patrón de intercambio entre ellos y sus hijos/as. De tal forma que se conviertan en generadores de conductas proactivas y no coercitivas. Pero, ¿cómo lo hacemos?

LA INTERVENCION CONDUCTUAL FAMILIAR

La familia es el primer y más importante contexto social, cultural e interpersonal que tiene nuestros hijos/as. Las relaciones familiares, por este motivo, se pueden convertir en un factor de riesgo si están deterioradas, mientras que, si son positivas, se pueden convertir en un factor de protección. Por tanto, nuestra intervención familiar va a consistir en fomentar las relaciones parentales positivas de forma que:

  • Formemos una familia segura y comprometida: fomentaremos un ambiente seguro, supervisado y protector que ofrezca oportunidades para jugar, dialogar, equivocarse y experimentar.
  • Crearemos un aprendizaje familiar positivo: facilitaremos a los padres/madres a responder de forma positiva y constructiva las interacciones con los hijos/as. De este modo los progenitores facilitarán que sus hijos/as generen la solución para sus problemas. ¿Cómo? Descomponiendo sus habilidades complejas en pasos más sencillos como, por ejemplo: “Pregunta”, “Dí”, “Actúa”.
  • Utilizaremos la disciplina asertiva: enseñaremos a nuestros progenitores a modificar su disciplina para que sea menos coercitiva y más eficaz usando: límites, responsabilidades, normas, reglas básicas, hacer peticiones, tiempo de reflexión (la “famosa” silla de pensar), tiempo fuera e ignorar conductas. O como decía mi madre: “dos no discuten si uno no quiere”.
  • Promoviendo expectativas realistas: exploraremos cuáles son las creencias y suposiciones que los padres tienen sobre la base del comportamiento de los hijos/as. Enseñaremos a distinguir a los padres qué es lo que deben esperar evolutivamente en el desarrollo de sus hijos/as y qué se desvía de lo “normal”.
  • A cuidarse como personas: Sí, habéis leído bien. Los padres/madres por el hecho de serlo no dejamos de ser personas con inquietudes e intereses. La educación que ejercemos los padres sobre nuestros hijos/as está directamente influenciada por factores que inciden en nuestra autoestima, eficacia, y sensación de bienestar y se conecta en las interacciones con nuestros hijos/as. No vamos a recibir una mala calificación si hemos tenido un buen día de trabajo que, si nuestro día ha sido un desastre, por ejemplo. Es importante que los padres/madres dediquen un tiempo a conversar, a explorar lo que les gusta como personas y seguir cultivándose independientemente de sus hijos. Y prevenir, mediante el uso de estrategias adecuadas, el afrontamiento del estrés, la ansiedad o la ira.

Y, de modo más general, debemos recordar que:

  • No somos perfectos.
  • No hagamos del desacuerdo una lucha personal.
  • Reforzemos el comportamiento adecuado.
  • No critiquemos a nuestros hijos/as.
  • Brindemos alternativas diferentes para solucionar el problema

¡No hay recetas mágicas!

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