El verano es muy largo y los niños y adolescentes tienen mucho tiempo libre para dedicarse a no hacer nada y disfrutar. Durante tres meses desconectan del colegio y las obligaciones, pierden los hábitos de la rutina escolar y gestionan su momento sabático «vagueando» todo lo que pueden. Pero hay casos excepcionales a los que no beneficia la pérdida de contacto con una rutina más o menos estructurada. Es el caso de los niños que sufren Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), para los que el verano es un momento estupendo para hacer cosas excepto nada.

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