Por desgracia, a veces hay que dar malas noticias sobre salud a los niños y adolescentes. No es fácil enfrentarse a esa tarea. En primer lugar, porque los propios padres no saben todas las respuestas y, en segundo lugar, ellos también están muy vacilantes sobre qué decir y cómo decirlo.

¿Cómo debemos comunicarle a un niño que su padre/madre tiene un problema de salud?

Inicialmente hay que tener en cuenta la edad del niño. No es lo mismo un niño de 6 años que un adolescente de 16. Cuando mayor sea la edad, la transmisión de la información será más parecida a un adulto. La comunicación es un proceso, eso quiere decir que no hay que dar toda la información de una sola vez, sino que es posible ampliar a medida que se perciba que el niño/adolescente esté preparado para asimilarla. Es conveniente el uso de palabras claras, frases sencillas y cortas.

¿Por qué es importante considerarla como un proceso?

Porque a medida que vaya evolucionando la enfermedad, se tendrán más datos y por tanto habrá que ir comunicando los nuevas noticias a los demás miembros de la familia, hijos incluidos.

¿Quién es el más indicado para informar al niño del proceso: el afectado o el resto de la familia sana?

Se puede caer en la tentación de pensar que es mejor que sea alguien diferente, generalmente procedente de la familia, quien pudiera ser más idóneo para comunicar esta noticia, sin embargo, es más adecuado que sea el propio afectado, acompañado del otro padre, quien se encargue de transmitir este hecho. El niño o el adolescente vivirá mejor recibir las respuestas a sus preguntas directamente de la persona afectada. De otro modo podría pensar que está más enferma de lo que realmente está. No hay que tener miedo a decir “no lo sé”. Es también una respuesta.

Entonces, ¿hay que informarles siempre de las enfermedades que padezcan alguno de los padres?

Siempre. Los niños o adolescentes van a notar y ver cambios en la dinámica familiar, y es mejor que los entiendan y sepan qué está pasando a que comiencen a imaginar sin poder contrastar de alguna manera sus miedos y angustias.

Por último, cinco recomendaciones para contárselo

  • Tenlos siempre en cuenta: los pequeños están ahí y lo captan todo.
  • NO les mientas, te pasará factura (las mentiras se acaban descubriendo).
  • Sé humilde y admite que no tienes todas las respuestas.
  • Normaliza la enfermedad, porque forma parte del ciclo de la vida.
  • Transmite un rayo de luz y esperanza.
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