¿Cómo ayudo a mi hijo a ser capaz de manejar las emociones negativas? Enséñale a no huir de esas emociones, ellas son más rápidas.

Por Natalia García. Psicóloga en Psikids El Viso.

“No voy a poder soportarlo”, “si sigo así no sé qué voy a hacer”, estas son frases que con frecuencia pronuncian pacientes en la consulta tras sufrir, por ejemplo una ruptura sentimental.

El problema principal es que acuden a los pocos días de haberse producido la separación, con una necesidad imperiosa de que alguien les ayude para deshacerse de la tristeza y angustia consecuentes.

Cuando se le explica que es normal, que lo adaptativo es que se sientan así, que lo anormal sería lo contrario, parecen quitarse un peso de encima y sentirse más capaces para sobrellevar esa situación que a priori les ahogaba.

Entonces… ¿Por qué nos angustia tanto sentirnos así?

Pues básicamente por falta de entrenamiento. Desde pequeños se nos reprime la expresión de emociones negativas. Crecemos con frases como “deja de llorar”, “no estés triste”, “controla tu enfado”… esto nos lleva a crecer en un ambiente, donde las emociones negativas no están “bien vistas”.

Enseñemos a nuestros hijos a conectar con sus emociones, en su más amplio sentido. Ayudémosles a identificarlas, a ponerles nombre, a canalizarlas y expresarlas de manera adecuada y sobre todo a sentirlas, a no huir de ellas, a aceptarlas como parte de la vida. Sin haber sentido tristeza no valorarán la alegría, sin haber sentido frustración no disfrutarán de los logros, sin haber sufrido pérdidas no valorarán lo que sí tienen.

¿Cómo ayudo a mi hijo a ser capaz de manejar las emociones negativas?

Pues en primer lugar hay que mostrar empatía hacia sus sentimientos. Cuando acuden a nosotros a contarnos un problema con un amigo, o una historia de “desamor” adolescente, por poner algunos ejemplos, tenemos que tener una actitud de escucha activa, y no “ridiculizar” sus emociones, está claro que en la vida de adultos esas preocupaciones pueden resultarnos nimias, pero para ellos no lo son.

Darles importancia en su justa medida, tampoco es bueno mostrar una excesiva reactividad, sobreprotegiendo o yendo corriendo a solucionárselas.

De esta manera estimularemos la inteligencia emocional de nuestros hijos, facilitando el aprendizaje de estrategias de afrontamiento emocional y conductual de los problemas.

¿Qué ocurre si huimos de las emociones negativas?

Que enfermamos. Si no las escuchamos terminaran abriéndose paso de forma patológica.

Creo que el ejemplo del duelo no elaborado es muy gráfico para comprender esto. Si ante una pérdida o una separación, no nos enfrentamos a las emociones que implican, simplemente conseguiremos enterrarlas pero no superarlas, por lo tanto habrá un momento, en que saldrán de nuevo a la superficie, y tendremos que afrontarlas descontextualizadas, ya que el entorno no las acompaña, ni recibiremos la comprensión ni el apoyo que en su momento habrían despertado.

Otro ejemplo, es cuando instamos a nuestros hijos a no mostrar enfado cuando algo les molesta o no están de acuerdo. Si les reprimimos estas emociones, les estaremos trasmitiendo que son negativas en sí mismas y algo a evitar. Sin embargo, si les ayudamos a gestionarlas de manera adecuada, las vivirán como un componente más de su maduración afectiva.

Así que, pongámonos manos a la obra para construir los cimientos de una maduración emocional positiva de nuestros hijos, ladrillo a ladrillo.

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