Seguramente la felicidad sea uno de los máximos deseos de una persona a lo largo de su vida. Y cuando nos convertimos en padres, la felicidad de nuestros hijos se convierte casi en una prioridad.

Se estima que la edad más feliz y alegre de una persona es en la infancia. Esto no quiere decir que los niños a esas edades no experimenten tristeza, ansiedad, ira o irritabilidad. La felicidad no es algo innato de una persona, se puede aprender y enseñar de forma constante.

¿Cuáles son los factores que influyen en la felicidad del niño?

Hay varios factores que influyen en la felicidad de un niño y los padres cobran un papel importantísimo para su desarrollo. Algunos de estos elementos que consideramos esenciales y necesarios para promover la felicidad son:

  • DRAMATIZACIÓN: estamos ante uno de los errores más graves y comunes que impiden la felicidad en los niños. El problema es que esta situación es ajena a ellos. La responsabilidad recae en los padres o tutores que se encargan de ellos. Sabemos que los niños tienden a imitar o incorporar como suyos determinados sentimientos tanto positivos como negativos de lo que ven a su alrededor. Es por ello que las conductas de los padres ante hechos de la vida cotidiana deben recibir la importancia justa al hecho en sí. Si hacemos una celebración desmedida ante acabarse el plato de comida o hacer un dibujo, así como mostrar enfados monumentales por traer la ropa sucia o haber suspendido un examen son un error muy común en los progenitores. Por el contrario, no dar la suficiente importancia a que pegue a sus compañeros, insulte a familiares o falte el respeto son verdaderos hechos que sí son convenientes dramatizar para la correcta educación y posterior sensación de felicidad.
  • RECONOCIMIENTO: aceptar las cosas que tenemos, las que nos dan y lo que hacen por nosotros, dando las gracias y reconociendo los hechos que hacen diariamente por nuestra “felicidad´´, es importante para el desarrollo correcto del niño. El hecho de dar las gracias favorece la estabilidad mental del infante, así como los lazos de unión entre él y su familia, aceptándose dentro de un núcleo social y sintiendo pertenencia hacia éste. Además favorece la empatía.
  • NO ETIQUETAR: las etiquetas impiden el correcto desarrollo de la identidad del niño, perjudicándole y limitándole, en consecuencia, marcándole gravemente para el futuro. Expresiones como “Eres un niño muy malo´´ “que quejica eres´´ “eres un llorón´´, suelen utilizarse mucho cuando los padres no están de acuerdo con el comportamiento de sus hijos. Este tipo de afirmaciones tan severas, son inconscientemente retenidas en la mente de los niños, siendo contraproducente con lo que desea. A un niño que se le dice que es un llorón, de ningún modo se conseguirá alcanzar un cambio ante una situación que se considera indeseable y que se quiere corregir. Además, muchas personas, en edades avanzadas, han culpado a los padres estas afirmaciones. No hay que olvidar, que los niños, aún en sus primeros años de vida, son conscientes de lo que se les dice. “Eres un niño bueno, pero te estás portando mal´´ “Entiendo lo que quieres, pero no está bien llorar por eso´´. Simplemente estamos explicando a personas que, están en su desarrollo y que saben menos que nosotros, cual sería un comportamiento adecuado.
  • LOGROS O METAS: a un niño, que desde su más temprana infancia se le provee de cualquier cosa que necesita, es incapaz de conocer la felicidad entorno a la propia satisfacción personal que se consigue al realizar una cosa. Hacer un pequeño plato de comida, recoger sus juguetes, ayudar en lo que le piden sus padres, e incluso conseguir controlar sus hábitos, en cuanto a estudiar, jugar, etc. son grandes pasos en cuanto a la autonomía y superación de los niños.
  • AUTONOMÍA: es importante, que los niños aprendan a sentirse autónomos, alejados en cierta manera, del núcleo familiar. Se ha estudiado, que la autonomía potencia la autoestima y la confianza en sí mismos. Dejar que los niños jueguen solos o que hagan tareas propias de los padres a “modo de imitación´´ favorece la propia autonomía que se aplica en el desarrollo del infante, y esto le hará más seguro y feliz. También es conveniente que aprenda, mediante el encuentro de dificultades, los inconvenientes propios de la vida diaria. Es bueno, que se irrite, que se enfade, que tenga ira hacia la no consecución de lo que se propone, y que vea, de alguna manera, el proceso de realización de las tareas.
  • CONFIANZA: seguridad, especialmente al emprender una acción difícil o comprometida. Una persona con la confianza de los seres queridos que se encuentran a su alrededor es capaz de cualquier cosa. Para el desarrollo de la seguridad en sí mismo, y el sentimiento de pertenencia a su familia y la sociedad, un niño debe sentir la confianza de las personas que se encuentran a su alrededor, especialmente de los padres. El apoyo, la seguridad ante lo que hace, le hará mucho más seguro de sí mismo y esto repercutirá en su correcto desarrollo.
  • INTELIGENCIA EMOCIONAL: Implica educar a los niños, para que conozcan y aprendan estas habilidades y regulen sus emociones para solventar los problemas de manera pacífica. Todo esto, dota de tranquilidad, armonía y seguridad a los niños. Es de vital importancia que identifiquen, respeten, acepten y sepan gestionar sus emociones.

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