En entradas anteriores hemos hablado de cómo las nuevas tecnologías han irrumpido en nuestras vidas aportando ventajas en nuestro día a día pero también algunos inconvenientes. Esto incluye que hoy en día cualquier persona que disponga de conexión a internet tiene acceso ilimitado a material video gráfico de todo tipo así como a páginas web y redes de contenidos variables, a veces de temática comprometida, sobre todo para los más jóvenes y vulnerables.

A propósito de la serie“ 13 Reasons Why”, de argumento controvertido y que ha despertado tanto interés entre los adolescentes, así como el reciente juego que circula por internet llamado “la ballena azul” , se han disparado las alarmas acerca del impacto que están pudiendo ocasionar este tipo de fenómenos virales, que juegan a normalizar una autolesión o un acto suicida. Resulta aterrador que nuestros menores puedan verse envueltos en tal perversidad sin darnos cuenta.

Sin embargo, el suicidio consumado en población juvenil no es ciencia-ficción, sino una realidad. Según la OMS, se trata de la segunda causa principal de mortalidad entre personas de 15 a 29 años de edad. Según estudios, en la mayoría de los casos de suicidio en adolescentes había una intención de morir realmente, frente a una pequeña minoría que pretendía una “llamada de atención”. Hasta un 70 % de adolescentes que se autolesionan acaban cometiendo al menos un acto suicida. Se entiende por autolesión una forma de auto infringirse daño sin la intención de morir (hacerse cortes, pellizcarse, morderse, golpearse, quemaduras), pudiendo servir para aliviar un estado de angustia o como forma de enfrentarse a pensamientos negativos cuando hay una dificultad para expresarlos de otra manera.

La adolescencia es una ebullición de cambios físicos, hormonales y emocionales; periodo difícil tanto para los padres como para los propios adolescentes. Un chaval puede interesarse por visitar páginas de contenido suicida por diversidad de razones, que no son casuales. A veces tiene que ver con una búsqueda de identidad que resulta infructuosa y la necesidad de pertenecer a un colectivo, a costa de lo que sea. Ante estados de intensa angustia, tristeza, desesperanza, desbordamiento emocional, sentimiento de vacío o abandono o la falta de recursos para poder elaborar ciertos eventos negativos de la vida diaria, algunos jóvenes pueden recurrir a contactar de manera de inadecuada con los medios equivocados buscando ayuda; a fin de no sentirse solos, o de comprobar que no son los únicos que se sienten mal. En ocasiones, pueden recurrir a auto infringirse daño físico o incluso pueden presentar ideas de suicidio. En cualquiera de los casos es de vital importancia poder detectarlo para averiguar qué ocurre y poder ofrecer la ayuda adecuada.

A continuación nombramos algunas claves que nos pueden alertar de que algo no está yendo bien con nuestros hijos y a las que hay que prestar atención para solicitar la ayuda de un profesional en Salud Mental:

–          Antecedentes de autolesiones o intentos de suicidio previos.

–          Verbalizar ideas de muerte, de suicidio, de desesperanza.

–          Alteraciones afectivas (bajo estado anímico, ansiedad…).

–          Irritabilidad injustificada o incluso conducta agresiva.

–          Deterioro en rutinas habituales de sueño, alimentación o cuidado personal.

–          Abuso de alcohol u otras drogas.

–          Aislamiento, tanto de familiares como de amigos.

–          Conflictos con la identidad sexual.

–          Buscar información sobre métodos de suicidio o formas de autolesionarse.

Es muy importante detectar señales de alarma para una intervención temprana.