Por la Dra. María Benítez Alonso.

Departamento de Psiquiatría Clínica Dr. Quintero.

“Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir no cuando es no”. Gabriel García Márquez


T
odos en algún momento de nuestra vida hemos aceptado hacer algo (anular la barbacoa con tus amigos para ser el canguro de los sobrinos, ponerte una blusa horrorosa que te regaló tu suegra o acudir a una cena de compromiso incluso con 40 de fiebre..), todo ello,  simplemente,  por el hecho de que no hemos sido capaces de decir “NO”.

 Esto no tendría mayor importancia, si no fuera porque cuando se entra en esa dinámica, podemos llegar al punto en el que anteponemos las necesidades de los demás a las nuestras y de repente, sin habernos dado cuenta, estamos viviendo la vida que los demás han elegido en lugar de la nuestra. Sentimos que no somos capaces de llegar a todo y nos enfadamos con nosotros mismos, ya no solo por no cumplir nuestros objetivos si no también por darnos cuenta que todo hubiera sido mucho más sencillo si hubiéramos dicho no.

Pero, ¿por qué es tan difícil utilizar el dichoso monosílabo?

Aquí van algunas de las razones:

La culpa. ¿Cuántas veces  nos hemos escuchado a nosotros mismo decirnos: “es que…. si no lo hago luego me voy a sentir culpable…?”. Pues efectivamente, el sentimiento de culpa es una de las razones que con mas frecuencia nos impide decir que no.

La presión. Otras veces, nos sentimos “presionados” a aceptar una propuesta pues en caso contrario anticipamos que podamos sufrir ciertas consecuencias.

La pena: Sentir “pena o lástima” también nos aleja del no, empujándonos inevitablemente hacia el sí. (De hecho hay muchas personas que precisamente hacen uso de la pena para conseguir sus objetivos) .

El miedo al rechazo, a la critica: En ocasiones sentimos que para conseguir formar parte de un grupo o evitar ser “la nota discordante” resulta más fácil aceptar lo que se nos propone que negarnos a ello. Pues negarnos puede dar pie a ser el  punto de partida de muchas críticas o cuestionamientos.

Ahora bien, ¿Cómo se consigue decir qué no, sin sentirnos culpables, angustiados o asustados? 

1.- Trabaja tu asertividad: La asertividad se define como: “la habilidad para expresar  con facilidad y sin ansiedad el propio punto de vista y afirmar o ratificar los propios intereses, sin negar los de los demás ni emplear modos socialmente inaceptables.” Emplear la asertividad es saber pedir, saber negarse, negociar y ser flexible para poder conseguir lo que se quiere, respetando los derechos del otro y expresando nuestros sentimientos de forma clara. También consiste en hacer y recibir cumplidos, y en hacer y aceptar quejas.

2.- Prepara el contenido del discurso que emplearás para utilizar el no. No se trata de decir no, darte la vuelta y macharte. Lo importante es decir que no de forma clara, breve, calmada y sin usar un tono agresivo. Huye de las justificaciones de tu decisión, pues de esta manera evitarás mostrar inseguridad. Si necesitas usar una disculpa, haz uso de ella, pero que no sea desmesurada.

3.- Cuida tu lenguaje corporal. Trata de adoptar una postura corporal tranquila y relajada. Mira a los ojos de la persona a la que le dices que no, evita cruzar tus brazos sobre el pecho, así como jugar con el cabello, collares, manos…

4.- No tengas miedo. Tomar cualquier decisión tiene sus riesgos y va acompañada de cierta incertidumbre. Ahora bien, una decisión nunca debe ser la respuesta a algún tipo  de coacción. Aprender a decir sí permite ir recuperando la confianza en uno mismo y la autoestima.

5.- No dejes puertas abiertas: si tu decisión es firme, tu interlocutor debe entenderlo así. No des a entender que es un no, pero tal vez un sí mas adelante. Pues si ya es difícil decir no la primera vez que te piden algo, lo es mucho más si te lo piden por segunda vez.

Ser solidario, colaborar, participar ha de ser una decisión  propia, tomada por uno mismo en base a nuestros valores, prioridades y necesidades. No se debe confundir con ser egoísta,  pues decir que no, no implica ser egoísta. Simplemente implica decidir hacer o no hacer algo de forma libre, sin coacciones, miedos ni angustias.

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